PROPIEDADES DEL TOMATE

El tomate encierra en sus rojas carnes todos
los nutrientes esenciales. Es también un
auténtico fármaco de huerta carente de
efectos secundarios y riesgo de sobredosis
que ayuda al organismo en muchas de sus
funciones vitales.
Vitaminas. Es rico en vitaminas C y A
(carotenoides), lo que le convierte en un
protector de lujo frente a los primeros
rayos del sol. Además, contiene vitaminas
del grupo B, K y PP.
Minerales. El tomate también atesora una
buena colección de minerales, en especial
hierro, fósforo, calcio, manganeso,
magnesio, cobre, potasio, zinc y sodio.
Antioxidantes. Otro de sus atributos son los
carotenoides no provitamínicos, como el
licopeno. Esta sustancia, responsable de su
peculiar color, tiene propiedades
antioxidantes y protege frente a numerosos
tipos de cáncer (estómago, vejiga, pulmón,
próstata, colon, mama, esófago,
páncreas...). Además, el licopeno previene
la arterioesclerosis.
Depurativos. La presencia del glutatión, un
tripéptido compuesto de glicina, cisteína y
ácido glutámico, le confiere un poder
antioxidante intracelular. Este ingrediente
favorece también la depuración de productos
tóxicos e impide la acumulación de metales
pesados, como el plomo.
Bioflavoniodes. Otro de sus componentes
estrella son los flavonoides. Se trata de
unos pigmentos fenólicos que toman parte en
el mantenimiento de la integridad de la
pared celular, haciéndola menos frágil y
permeable.
Aroma y composición
Al no tener ningún poro en la piel, el
perfume del tomate propiamente dicho se
desprende en el momento de cortar el fruto.
En ese instante, se funde el aroma de más de
400 sustancias para crear el verdadero sabor
del tomate. Tomadas por separado, estas
sustancias no evocan nada; refrigeradas
durante el transporte o almacenamiento, su
combinación no hace nacer ningún perfume. El
aroma se crea en la mata.
Un tomate es, ante todo, un 95% de agua. Un
kilo de tomates, por tanto, supone 950
gramos de agua, 0,3% de grasa, 1% de
proteínas, 3% de desperdicios, 0,5% de
celulosa y una serie de micronutrientes como
calcio, hierro (aporta el doble que la
leche), y fósforo, vitaminas A, C, B, K, y
PP. Y todo ello, con apenas unas 25 calorías
por 100 gramos.
El tomate es uno de los productos básicos de
la ensalada estival.
Cuando se va a consumir inmediatamente
conviene comprarlo rojo brillante; si se va
a tomar días después, no importa adquirirlo
con una tonalidad más clara, que se
acentuará si se guarda en un sitio fresco.
Es un buen aperitivo, diurético y laxante.
Según explica el experto en nutrición, Jesús
Llona Larrauri, el tomate –de origen
mexicano o peruano- llegó a Europa a
comienzos del siglo XVI de la mano de los
conquistadores españoles, pero tuvieron que
pasar casi dos siglos para que se asentara
de forma definitiva en las costumbres
alimenticias. Hoy es protagonista
indiscutible de la cocina española y de las
de todo el mundo.
Resulta delicioso crudo, aderezado con
aceite de oliva y una pizca de sal. Es
indispensable en las ensaladas verdes e
ingrediente fundamental de gazpacho y
salsas. Aporta a muchos platos un agradable
punto de acidez. Se utiliza con profusión en
la alta cocina y su uso más extendido, la
salsa de tomate, está omnipresente en todas
las cocinas mediterráneas.
Tomates de calidad
Sus bayas de distintas tonalidades de rojo
-debido a la presencia de un caroteno
llamado licopeno-, tienen un interior
carnoso, con la pulpa dividida en cavidades
en las que se alojan numerosas semillas. Se
pueden distinguir tomates de mesa, esféricos
y voluminosos; los lisos y pulposos, de uso
industrial para conservas, zumos y otros
fines que facilitan su pelado; y las
variedades de colgar.
La calidad de un tomate depende de su aroma,
su consistencia y su sabor. Una textura
granulosa que deje fragmentos entre los
dientes causará mala impresión. El aroma de
esta hortaliza proviene más de su corola
verde que del fruto y desaparece en el curso
del transporte y del almacenamiento.
